jueves, 16 de abril de 2015

¿Cómo saber que aunque el alma no es el cuerpo, no muere también?


Había una vez un faro, un faro incurablemente optimista y no estaba dispuesto a cambiar por ningún otro su alegre oficio de iluminador. Se imaginaba que la noche no podía ser noche sin luz, se creía que esta era la única estrella a flor de la tierra pero sobre todo a flor de agua, y hasta se hacia la ilusión de que su clásica intermitencia era el equivalente de una risa saludable y candorosa.

Así, hasta que en una ocasión aciaga se quedó sin luz… sintió que su recio corazón se estremecía y ya no pudo más. Cerró su ojo de modesto cíclope y lloró dos o tres lágrimas de piedra…



Decía Benedetti en uno de sus poemas que, quizá el problema es que no hay cirujanos del alma, igual que el faro que tuvo noción de la tragedia. Y es que ¿cómo saber que aunque el alma no es el cuerpo, no muere también? Quizá por eso el mundo sea de los que no sienten. De otra manera no sé, no sé cómo toleramos o por qué el sentir mucho se presenta como un signo de debilidad ¿Cómo toleramos lo que no está bien? Mejor dicho, ¿por qué lo toleramos? ¿Cómo llegamos sin darnos cuenta –o fingiendo demencia– a escalar problemas que llegan a ser incluso de lesa humanidad, mimetizarlos y minimizarlos –unas veces más y otras veces menos tajantemente– a lo no urgente? Disfrazando. Engañando. Desviando la atención a que el verdadero problema está en otro lado. El verdadero problema ¿desde el punto de vista de quién? ¿A qué intereses y bajo que ética está normado el determinar cuál es el verdadero problema? ¿A los cuantos años de atacar “el verdadero problema” sin resultados contundentes podremos comenzar a pensar que quizá tiene su raíz en otro lado?

Estoy pensando en cuán absurdo y paranoico puede llegar a ser para el “sometido” pensar en la liberalización de su aceptado miedo al cambio y empezar con la construcción de calidad de vida real. No hay un plan, no sabes cómo reaccionar, nuestro path dependence no está preparado para eso. Para una liberalización real y no ajustada. Entiendo que existan personas que no estén conscientes de que pueden –y que tienen derecho– a aspirar a una calidad de vida mejor, a tener oportunidades y a desarrollarse como otras que sí las tienen. Quizá es que dan las cosas por dadas, quizá no tienen ánimo de luchar y lo aceptan. Quizá saben que la única manera de reproducir su vida es seguir normativas viciadas para su articulación “exitosa” en la sociedad. Historicismo, quizá. Entiendo también que la ignorancia pueda eximirlas de responsabilidades, de su responsabilidad de luchar por un estado social mejor para por lo menos sus descendientes. Los que no vivimos en la ignorancia de nuestro rol y preferimos mantenernos pasivos ¿cuál es la justificación?

Hay algo que no podemos negar, y esto es que todos los caminos llevan a las instituciones. Instituciones formales e informales. Es decir, a pensar en las reglas del juego que nos conectan. El hombre sólo puede desarrollarse en sociedad, por lo tanto todos los caminos están conectados entre sí. Por eso se supone que construimos identificando “lo que está bien” y “lo que está mal” en nuestra normativa de vida. Además, si lo pensáramos de forma básica, para eso se supone que existen los gobiernos, los gobiernos democráticos, para representar los intereses de su pueblo, en algún momento pensé en burla pero con cierta verdad ¿qué les diría a mis hijos –si es que un día los tengo– si me preguntan por qué no existe correspondencia entre los intereses políticos y los intereses de los ciudadanos?  Lo mismo sucede si hablamos sobre políticas públicas, que se supone tienen como función integrar a los actores involucrados y resolver problemas que son de carácter social[1], pero, cuando los resultados no los podemos percibir, cuando la reproducción de la pobreza sigue vigente, cuando las trampas de pobreza nos vuelven a jalar hacia ellas, ¿por qué lo toleramos? ¿No es hipócrita entonces decir que tenemos “objetivos en común” como sociedad, que esa es la razón de ser de los gobiernos, del sector público como tal y por otro lado mostrarnos indiferentes ante la pobreza y la desigualdad? ¿es un mecanismo de defensa ante la adversidad?

No sé, quizá sea como dijo Benedetti y el verdadero problema es que no hay cirujanos del alma, y aunque está vivo el cuerpo, estamos ya muertos por dentro o como la historia del faro que en una ocasión aciaga se quedó sin luz y cerró su modesto ojo de cíclope llorando así dos o tres lágrimas de piedra…

30/03/2015
ESQM

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[1]Algunos reducen las políticas públicas a “lo que no es público es privado” dando pie a que todo lo que hace el gobierno es política pública desvirtuando así el concepto de política pública a convertirlo en política gubernamental o gestión gubernamental. Una política pública busca resolver un problema de carácter social no “dar paliativos” e integra a los actores involucrados, es decir, no actúa con exclusión.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

La sombra en la pared



Es la sombra que siempre aparece reflejada en la pared.
No es dictado ni prescripción, aunque es una respuesta acabada… antes de que incluso se formulen las preguntas.
Si fuera universal y homogénea, esa sombra desaparecería.

Esa sombra…

martes, 18 de noviembre de 2014

Lo que pasa es que el melancólico de hospicio no consiguió editor


Hay momentos, sentimientos, pensamientos que rebasan las explicaciones.
 Y no sé por qué


Qué barbaridad.

Esta vez no voy a hablar de amor. Tampoco quiero encontrar fondos, ni raíces, ni problemas centrales, ni filosofía, ni nada de lo de siempre. Es más, no estoy ni para Sabines en este momento. No, esta vez no. Estoy rebasada. Me duele la cabeza, los ojos, el cuerpo, el alma, la vida, la piel, las uñas, el cabello, ¡todo! Ya no quiero pensar ni tampoco “pelear” contra nada. Me rindo por ahora para que la indiferencia me abrace por un momento. Y me dé besos.

Pero sólo por un momento…

Quizá aprovecho todas las oportunidades para hacer melodrama sin avisar. Y qué importa, cada quién ejerce como quiere su derecho a dar lata.

Últimamente con toda esta explosión de sentimientos, emociones y de absurdos, siento como si me hubiera cansado de todo. Estoy en el limbo, según el último reporte.

Qué barbaridad… es lo que siempre digo cuando me quedo sin palabras.

Lo que pasa, es que los melancólicos de hospicio no conseguimos editor. Y dejamos mensajes por todos lados. Si tuviéramos humor grafiteábamos las paredes, imagino. Pero no hay humor.

Siempre de noche, buscando “sin querer” tratar de entender, pero todavía no llego a esos niveles de enajenación del problema para lograr el “entender”, porque aparentemente casi nunca entiendo nada…

Mmmm…

Me acabo de acordar que Dante Alighieri dijo que tenemos una idea más abstracta de la felicidad que del dolor. Pero bueno, a él le encantaba también hacer melodramas sin avisar. Y es que también es cierto que minimizamos situaciones, precisamente ¡porque nos encanta el drama! ¿será? Aunque quizá ni estemos sumergidos en él.

Además, bueno, qué importa…

Pondré una nota en mi refrigerador para no olvidar que un día debo reflexionar sobre la enajenación de los problemas, quizá si llego a una reflexión más o menos coherente y razonable, resuelva de una vez el tema del melodrama sin avisar, y es que ¡qué cosa! cuando hay momentos que rebasan las explicaciones.

Esa clase de razones arbitrarias…


E.S.Q.M.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Reflexión sobre la discriminación



“La discriminación, el entendimiento incompleto y fragmentario”

En ocasiones, es difícil comprender el entorno y las circunstancias en que nos toca vivir. Pareciera que no hay muchos caminos, y que lo mejor es volverse individualista, creando una especie de burbuja para nos desgastarnos en peleas o luchas que quizá sean inútiles por el sistema en que vivimos. Y de verdad, no sé hasta qué grado la indiferencia nos envuelve de manera tal que las condiciones menos favorecidas de otras personas nos dejan de lastimar. Que le damos más valor a lo material que a la vida misma. Y bueno, es que mientras no se metan con nosotros todo está bien.

Pero la discriminación no sólo viene de estratos superiores a estratos inferiores. También se da al revés. Y no es que me esté quejando de algo, o que esté defendiendo a alguien, pero, ¿la discriminación será una condición natural en el carácter del ser humano?, siempre ha existido de larga data, y no sólo eso, se da incluso en niveles horizontales, no es sólo cuestión vertical de estratos con mayores ingresos a estratos de menores ingresos, se da incluso en condiciones de pobres con pobres y de ricos con ricos, hablando de manera más vulgar.

El asunto es ¿por qué esa costumbre de discriminar? ¿Por qué hacerle sentir a la gente el rechazo, a veces incluso injustificado? Es como si estuviéramos hartos de todo o quizá como mecanismo inevitable de defensa. Otra vez, ¿es una condición implícita de nuestro carácter? ¿es una cuestión de supervivencia? Quizá es lo más fácil, en lugar de detenernos a tratar comprender para no generar un círculo vicioso de rencores y tensiones mutuas.

El hecho de que no concordemos en cuanto a nuestro lenguaje, no impide que en cuanto a sentidos podamos llegar a las mismas conclusiones, como el sentir dolor, angustia, felicidad, etc., es decir, todos tenemos sentimientos, y en el fondo aunque estemos metidos en argumentos, ideologías que se nos han dado (en el mejor de los casos fueran un constructo de nuestra razón, de nuestros valores, de nuestros sentimientos, de nuestras reflexiones), fanatismos o hasta rencores erróneos, en el fondo buscamos un equilibrio por nuestras vías o formas de pensar o hacer las cosas.

Estas estructuras invisibles nos desgastan y se nos recomienda no pensar en eso y mejor seguir con nuestras vidas ignorando o aguantando. Quizá, si nos detuviéramos más a la reflexión pensando el porqué de las cosas, podríamos ofrecer más soluciones que criticas al sistema y a la vida misma. Muchos dicen que se tienen que hacer muchas cosas, pero pocos dicen cómo. Ningún modelo es perfecto y nosotros tampoco.

Pensar duele, duele porque a veces nos toca desinstalarnos de viejos conceptos, de verdades dadas, pero es parte de seguir creciendo como seres humanos, como personas capaces de construir en medio del desastre. Debemos escuchar todas las partes, porque puede que nosotros estemos en un error, el asunto es aprender a reconocer, a escuchar, a detenerse ante los agravios porque quizá algo de verdad contienen. No somos perfectos y tampoco el mundo gira alrededor de nosotros y/o pensamientos.

La discriminación no la podemos eliminar, ya que proviene de las diferencias entre las personas, y para eliminar diferencias todos tendríamos que ser absolutamente iguales, y eso es incluso genéticamente imposible. Lo que si podemos resolver es como nos enfrentamos a ella, si nos dejamos envolver en la amargura e indiferencia o si se vuelve una oportunidad para construir.

Aunque fuera en toda clase de circunstancias y razones arbitrarias...

ESQM.
10/11/14

sábado, 4 de octubre de 2014

Costos de transacción

La teoría económica siempre explicando al amor…

No es feminismo, pero cuentan que en términos empresariales la mujer tiene la gerencia general. Sí, que la mujer dirige, ¿que por qué? Bueno, porque nosotras gestionamos de forma efectiva las relaciones con la pareja. ¿Qué se entiende por gestionar una relación? Contratar despacio y despedir rápido.
La mayoría lo hace al revés: contratan rápido y despiden con lentitud. Cuando se abre una vacante, el departamento de recursos humanos se da prisa por cubrirla. Contratan a alguien sin revisar su currículum, tras una entrevista de trabajo apurada luego, ¿qué descubren? Que la persona que han contratado no es la adecuada para el trabajo. Luego, para agravar la situación, se demoran demasiado en decidir que esa persona se vaya.
…Contratar despacio y despedir rápido…
Un buen gerente se toma su tiempo para encontrar a la persona adecuada al puesto de trabajo que ofrece. Por lo tanto, si la persona que has contratado parece estar trabajando muy bien, entonces debes mantenerla a bordo. Pero si la cosa no está funcionando, es hora de retirarse a tiempo por el bien de la compañía, o de la relación en este caso. Un gerente que espera demasiado para tomar esta decisión, inevitablemente se convierte en una persona frustrada.
Importante: No pretender descifrar a una persona.
Muchas personas creen que si pueden evaluar las palabras y acciones de otra, podrán entender sus intenciones, pero, descifrar a una persona la verdad es que no ofrece muchas ventajas. Imaginemos que un empleado de tu compañía ha estado actuando de forma extraña últimamente: llega tarde a la oficina, entrega sus proyectos después del plazo establecido y no devuelve las llamadas a sus clientes. Has discutido el problema con él y te ha prometido hacer algunos ajustes, pero su comportamiento sigue siendo el mismo. Tu negocio está empezando a sufrir las consecuencias. ¿Qué haces? ¿Dedicas mucho tiempo a preguntarte que pensamientos se esconden tras su comportamiento errático o tomas una decisión ejecutiva? Un gerente eficaz toma una decisión ejecutiva en bien del negocio porque sabe que de lo contrario pondrá en riesgo el bienestar de toda la empresa. 
Las personas no están diseñadas para ser descifradas, lo cual significa que todo lo que alguien puede hacer es actuar. Si una persona no es efectiva en su rol de compañía, entonces es momento de que le muestres la puerta de salida.

Costos de transacción más que nada, R. Coase y O. Williamson me darían la razón…

[Inspirado en el libro “Reglas espirituales de las relaciones” de Yehuda Berg sobre la Kabbalah


25/04/2014